Hace tan solo una semana hablamos del blog; me preguntabas por qué ya no escribía, y yo te decía que porque no encontraba la inspiración y los temas de qué hablar.
Cuando ayer me llamaron para decirme que te habías marchado, no lo podía creer. Ahora escribo esto con muchísimo dolor en el alma, con un vacío inmenso.
Ese vacío que has dejado, seguro, a todos los que hemos tenido la gran suerte de haberte conocido.
Iniciamos prácticamente al mismo tiempo el aprendizaje del Braille, en esos talleres donde nos ayudábamos unos a otros, y posteriormente con las clases de los martes y jueves con Mamut.
Poco a poco hemos ido mejorando, sobre todo tú, con tu gran esfuerzo, antes incluso de venir a clase, cuando nos decías que te ponías a repasar.
Siempre llegabas tarde, pero nos alegrabas la clase, y cuando faltabas, se notaba y mucho.
Sin que compartiésemos la misma enfermedad, sí que compartíamos muchas experiencias, sabiendo cómo nos podemos sentir y coincidiendo en mucho de lo que vivimos a diario. Siempre decíamos lo mismo: nosotros nos entendemos.
Y aunque las clases estaban bien, los cafés de después eran lo mejor.
¿Con quién voy a criticar yo ahora a la gente?
No es justo que te hayas ido tan pronto, nos faltaba mucho por hablar y por compartir.
Necesitaba escribirte esto, roto de dolor y sin poder parar de llorar.
Sé que no te gustaba dar dos besos ni tampoco las despedidas, pero esta vez podías haber hecho una excepción.
Te vamos a echar muchísimo de menos.
Muchas gracias por haber ayudado tanto.

Descansa en paz, Helena, con H.
Hola David.
Cuando vi que escribías en tu blog me alegre mucho, hacía mucho tiempo que no podíamos disfrutar de tus historias y de tu buen humor, pero hoy es una historia triste.
No conozco Helena pero por como la describes debía ser una gran persona.
Es muy duro pasar por la perdida de una amiga.
Tu eres fuerte y seguro que con el tiempo el dolor se hará mas suave y lo superarás. Siempre la recordarás y te quedarás con los buenos momentos que habéis pasado.
Un abrazo.
Descansa Helena.